“No llego a entender como, siendo los niños tan listos, los adultos son tan tontos. Debe ser fruto de la educación.”

Alejandro Dumas, Novelista y dramaturgo

En el consultorio, con mucha frecuencia, los padres preguntan sobre cuál es la mejor edad para escolarizar a su hijos. El problema para responder a esta pregunta suelen radicar en las diferentes consideraciones que debemos hacer antes de tomar una decisión al respecto.

Aunque con el tiempo se ha establecido los supuestos beneficios de una escolarización temprana, en necesario considerar que los centros preescolares, las guarderías infantiles sobre todo, surgen como una solución a la necesidad de conciliar las demandas laborales y la crianza de los hijos.

Entre los dos y los seis años de edad, los infantes se ven afectos de manera extraordinaria al desarrollo de sus habilidades y motivaciones, que les permiten pensar sobre lo que hace, conocer sobre las consecuencias de sus acciones, el desarrollo de su lenguaje y el establecimiento de experiencias y vínculos que los trasformarán y los definirán para el resto de sus vidas. Esto implica que todas sus experiencias preescolares se harán significativas para su crecimiento integral.

Los niños tiene la necesidad de conocer, explorar e interactuar con su contexto, es desde allí donde construyen conocimiento, se constituyen como sujetos y adquieren las habilidades para funcionar en el mundo. Además de las implicaciones en cuanto a lo psicosocial del niño, la edad preescolar implica también su desarrollo intelectual y psicomotor, por lo que se hace relevante promover estos aspecto fundamentales.

En este contexto cave preguntarnos ¿son los preescolares un buen lugar para promover un adecuado desarrollo y constitución psicosocial de los pequeños?, la respuesta automática, permeada por todos los supuestos beneficios que nos han vendido en el mercado de la educación, sería que sí. Pedagógicamente hablando podríamos decir que efectivamente los centros preescolares son ese espacio, si embargo es importante enfatizar que no son el único, ni necesariamente el mejor de ellos.

Lo ideal sería que el infante, antes a su edad escolar (los siente años), estuviera con su madre, en el contexto familiar, interactuando lúdicamente con hermanos, vecinos u otros niños cercanos a su espacio, en un lugar donde tenga contacto con la naturaleza, con la dinámica, actividad y rutina diaria de su hogar.

Socialmente existe el entendimiento tácito, poco cuestionado y automático que entre más temprano entren los niños al contexto escolar se garantiza su temprana estimulación en cuanto a sus habilidades y aptitudes, lo que le garantizará que sean “adaptados y competitivos” y que automáticamente los hará hombres de éxito; colmándolos desde muy pequeños con la carga emotiva que eso implica. No es sino hasta que el niño manifiesta algún síntoma de inadaptación, y siempre y cuando los padres lo noten con importancia, que se introduce un cuestionamiento en ellos respeto a la pertinencia de la temprana escolarización de sus hijos.

Al escuchar los argumentos expresados por los padres, respecto a las razones para escolarizar a sus hijos a temprana edad, podemos identificar dos posibles justificaciones: la primera pragmática y vinculada a la falta de tiempo para cuidar de ellos porque se lo impiden otros actividades (trabajo, estudios universitarios, actividades sociales, etc.), y la segunda vinculado en hacer más “adaptables y competitivos” a sus hijos para lo cual es necesario introducirlos al contexto escolar, con el objetivo de que se les estimule tempranamente en su desarrollo de habilidades y aptitudes, formen hábitos, se les trasmitan valores universales y los primeros conocimientos académicos. Esta segunda justificación, en muchas de las ocasiones, también se relaciona a una necesidad de los padres para que sus hijos tenga la “capacidad” de matricularse en los mejores colegios y con ello accedan a un estatus específico.

Desde muchas lecturas teóricas el fomentar el desarrollo social, psíquico, académico y físico  de los niños no es cuestionado, e incluso es promovido. Los varios beneficios de la adecuada y pertinente (más que temprana) estimulación del niño, en sus diferentes etapas de desarrollo, es  difícil de cuestionar. Sin embargo es importante interrogarnos cual es el contexto y quienes son las personas más adecuadas para esta estimulación y promoción del desarrollo en los niños.

No debemos perder de vista que el contexto y edad preescolar es muy diferente de la edad y del contexto escolar, el segundo tiene como objetivo la transmisión de conocimiento formal académico, mientras que el primero tiene como objetivo la transmisión de los valores  generales que fundamentan a la familia a la cual pertenece el niño, el entendimiento de las dinámicas y los vínculos primarios, la introducción a una cosmovisión, las relaciones filiales y el primer acercamiento al entendimiento del mundo.

Desde muchas perspectivas podemos respaldar por que es importante estimular el desarrollo, en todos los sentidos posibles, de los pequeños en edad preescolar; sin embargo la promoción de esta estimulación, más que temprana, debe hacerse oportuna, pertinente y vinculada a las diferentes etapas su desarrollo. Pese a ello es importante considerar retrasar la escolarización de los niños el mayor tiempo posible, al mismo tiempo que se generan las condiciones necesarias para que la primera escuela sea la familia y los primeros maestros sus padres y hermanos mayores. Este espacio en casa, con el compromiso de los padres, puede generar los mismos, incluso mayores, beneficios que los que supone la temprana escolarización.

Los niños estarán listos física, social, y psicológicamente para el contexto escolar y sus implicaciones entre los seis y siete años de edad, antes de esa edad puede ser discutible y mucho más cuestionable la pertinencia de su escolarización.

Antes de decir a que edad matricular en el preescolar a un infante los padres deben evaluar el contexto y las razones que tiene para hacerlo, los beneficios que identifican, pero sobre todo preguntarse ¿la escuela preescolar es el único y mejor espacio para ello?.

Texto por: Lcdo. Manuel Velásquez, Psicoanalista / mvelasquez@entre-dichos.net

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