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Por: Ps. Katherine Julio R.

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En este primer año destacan las funciones biológicas de auto -conservación. La primera relación que el niño desarrolla con su entorno es la relacionada con la función oral- alimenticia. Esta función es la primera fuente de satisfacción, así como la primera vía de descarga de las tensiones internas del niño. La succión y el morder van a ser sus dos actividades más importantes como forma de exploración del mundo que le rodea.

En lo que respecta a la alimentación del bebé, la madre podrá optar por la lactancia natural o la artificial. Es, sin duda, el alimentar al niño con afecto y receptividad a sus necesidades lo que favorecerá su normal desarrollo psicológico. Durante la mayor parte del primer año, el lactante no puede distinguir claramente si el biberón forma parte o no del cuerpo materno. De ahí, que la lactancia artificial no pueda ser causa de alteraciones en las relaciones madre-hijo.

El único peligro estará (sin entrar en el aspecto nutricional, de inmunización, tan importante de la lactancia materna) en que la madre no desarrolle la empatía y relación adecuada con el niño, algo mucho más potenciado con la lactancia materna y que, por supuesto, recomendamos si es posible la elección. Con la lactancia se completará el ciclo de la maternidad. Al margen de todo ello, uno de los factores más importantes para que el momento del alimento sea “exitoso” es la receptividad y el interés de la madre en dicho acto. La sensibilidad de la madre o su sustituta a los mensajes del niño, influirá en la irritabilidad de éste (se mostrará más o menos llorón) y en su predisposición a iniciarse en la comunicación.

En este 1er año, se van a ir organizando los distintos ritmos de sueño-vigilia-alimentación; por lo que será conveniente observarlos, para poder respetar al máximo la demanda del bebé. También van a ir apareciendo toda una serie de estadios o fases que supondrán un avance, tanto cualitativo como cuantitativo en el desarrollo infantil; y cada fase no desaparecerá frente a la siguiente, sino que se prolongará en ella y se interrelacionará complejizando dicha evolución.

 En el 1er nivel o estadio reflejo (de 0-3 meses) ya no habrá una total dependencia biológica como en la vida fetal, en el sentido de que sus necesidades ya no serán satisfechas de forma automática: habrá mayor o menor demora, con la consiguiente sensación de privación o “sufrimiento” ante la espera. El segundo nivel o “etapa del suelo”, constituye una etapa básica para educar y disfrutar del cuerpo, sobre todo a partir de los 4 meses. Aquí serán el movimiento y el desplazamiento en el espacio, los que le van a hacer avanzar en su desarrollo. Favoreceremos su movilidad colocándolo acostado sobre una superficie amplia y ligeramente acolchada, que le permita ejercitar y descubrir las posibilidades de su cuerpo.

De esta forma, habrá una evolución que irá desde la ausencia total de movimientos voluntarios hasta una progresiva autonomía que logrará con la adquisición de la marcha. El bebé descubrirá el volteo, es decir, la capacidad de darse la vuelta por sí mismo, pasando del boca-arriba al boca-abajo y viceversa. El tono de los músculos de su cuello se irán fortaleciendo, así como sus glúteos y sus lumbares, lo que va encaminado a permitirle la sedestación, inicialmente con apoyo, para pasar después a mantenerse sentado sin ayuda. La sedestación le permitirá mejorar la manipulación con las manos; mientras que la vista y el oido irán quitando protagonismo a la boca como medio de exploración de las características de las cosas. Sus sentidos van a ir madurando con sus experiencias, irá descubriendo distintas partes de su cuerpo.

Tras el volteo, descubrirá la posibilidad de “arrastrarse”, primero circularmente (girando sobre su abdomen) y luego reptando. Asimismo, la mano va a ir logrando el agarrado de los objetos, lo cual le permitirá manipularlos. También empezará a reconocer rostros conocidos y reaccionará con lloros frente a los extraños. Alrededor del último trimestre, se iniciará en el gateo, para acabar en la bipedestación alrededor del año.

El bebé irá expresando sus necesidades mediante gestos, actitudes y contactos visuales que provocarán reacciones en su entorno, dándose así un intercambio afectivo con los demás. Sus emociones irán cambiando y se irán diversificando, así como la expresión de éstas sobre el cuerpo, a través del tono muscular y de la tensión. El lenguaje del cuerpo será, pues, su primer lenguaje. Estas necesidades deberán ser atendidas, sin adelantar ni retrasar demasiado su satisfacción, cuidando a la vez la relación afectiva con el niño: acariciándole, hablándole.

Cuando hablamos de sus necesidades nos referimos no sólo a las biológicas, sino también y principalmente a las psíquicas, las afectivas, a las de sentirse querido. De aquí, surgirán las bases de su sentimiento de seguridad y de su futura capacidad de amar; sólo será capaz de amar desinteresadamente, si él también se ha sentido amado, y no sólo cuidado.

También a lo largo de este primer año, se producirá la adquisición del lenguaje. Sobre los dos a tres meses, se observa un aumento en la calidad y variedad de las vocalizaciones, dando lugar al balbuceo. A lo largo de la segunda mitad de este año, el bebé irá dejando de utilizar ciertos sonidos, para centrarse en pronunciar aquellos que pertenecen a la lengua de su entorno. Alrededor del año (hablamos en términos medios) se producirá la emisión de la 1ª palabra.

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Fuente:  http://www.psicologiainfantil.cl/ • Imagen: http://www.libreriamedica.com/blog/wp-content/uploads/2015/09/bebe-4.jpg

Lic. Manuel Velásquez • 2369-8068 • consultorio@entre-dichos.net

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