No es posible pensar la hiperactividad sin abordar el uso y el sentido que el tiempo tiene en nuestra vida cotidiana. El tiempo hiperactivo está impregnando el conjunto de nuestras vidas, al mismo tiempo que la palabra pierde valor para regular lo que se agita en el cuerpo y para relacionarnos con el otro. Vivimos inmersos en una dinámica de inmediatez. La era de la velocidad en la que estamos inmersos no soporta esperar y el vacío que implica la espera genera angustia. Para taponar ese vacío, el hombre actual se lanza a multitud de tareas y actividades de manera desenfrenada.

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Meditar, reflexionar, darse tiempo para asumir algo o para comprenderlo no son conceptos que tengan cabida en nuestros días y sin embargo están muy ligados al aprendizaje porque para aprender hace falta un tiempo y un recorrido. Los niños hiperactivos tienen dificultades para aprender. Tienen muchas dificultades para atender en clase pero por el contrario pueden pasar horas pegados a una pantalla.

Un síntoma es la expresión de algo que no ha encontrado la vía de la palabra para hacerse oír y lo hace a través del cuerpo. ¿No estará siendo la hiperactividad un síntoma de nuestro tiempo? ¿No será el etiquetado y la medicalización una forma de taponar la pregunta que puede surgir de ahí?

Los desacuerdos actuales sobre el diagnóstico y el tratamiento de la hiperactividad son numerosos. Para unos el TDAH es una enfermedad ficticia, para otros es una entidad diagnóstica. Tampoco hay un acuerdo respecto al abordaje terapéutico y mucho menos existe acuerdo con el tema de la medicación. Mientras que unos son apasionados defensores de su utilización y los usan en todos los casos, otros lo consideran algo escandaloso que se debe evitar.

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En lo que sí parece haber consenso es a la hora de aceptar que la hiperactividad refleja situaciones complejas que, en general, están ligadas a diferentes patologías, aunque después, en la práctica, esto no suele ser tomado en cuenta.

Se tiende a buscar la causa en lo neurológico, pero no existen pruebas concluyentes para afirmarlo. Para los que buscan una causa genética los datos obtenidos muestran un panorama muy confuso. Muchos de estos niños que tanto se mueven lo que tienen es ansiedad, que puede estar provocada por muchos factores. A veces, son conflictos normales que el niño no ha podido superar, como el nacimiento de un hermanito, una ausencia forzada de la madre, la separación de los padres o la muerte de un familiar. Estas situaciones requieren un estudio y un tratamiento y, si no se le ayuda, el fracaso escolar puede hacer aparición.

En otras ocasiones la hiperactividad puede ir asociada a problemáticas graves, psicosis o daños neurológicos que precisan ser detectadas para que el niño pueda recibir el tratamiento adecuado. Por lo tanto es muy importante averiguar qué hay detrás de la hiperactividad a la hora de abordar un tratamiento. En términos generales, si la causa es emocional es preferible no medicar y abordar con un tratamiento psicoterapéutico.

El aumento tan importante de niños tratados con medicación está redundando en indudables beneficios para la industria farmacéutica y la infancia se está convirtiendo en un sector del mercado muy provechoso porque además de ser un sector de población muy amplio es una apuesta de futuro en el sentido de que pueden continuar la medicación en la vida adulta.

En conclusión, se trata de un tema complejo y rodeado de controversias. Esto indica que la profesionalidad, la cautela y la reflexión son imprescindibles a la hora de hacer un abordaje. También hay que tener en cuenta que cada niño es diferente a los otros aunque su sintomatología se parezca, y esta singularidad hay que tenerla presente.

Por último, no debemos olvidar que la hiperactividad es un signo y que estos niños, a través de su movimiento alterado y su falta de atención, nos están tratando de decir que algo falla.


Fuente: http://www.divanelterrible.com • Imagen: http://cdn.elimpulso.com/media/nino-hiper-1211.jpg , https://entredichosgt.files.wordpress.com/2016/03/e8b2e-nincc83o_inquieto.jpg

Lic. Manuel Velásquez • 2369-8068 • consultorio@entre-dichos.org